Ruta por el Jardín del Príncipe

 

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El Jardín del Príncipe fue creado por Carlos IV, quien lo inició siendo todavía Príncipe de Asturias y lo concluyó siendo rey, entre 1789 y 1808. Contrapuesto al Jardín de la Isla, es un jardín paisajista que sigue la moda inglesa y francesa a finales del s. XVIII, pero conviene no olvidar que en él se integran elementos anteriores, como la Huerta de la Primavera y el embarcadero de Fernando VI, y lo hecho por Fernando IV no es sino varios jardines.

 

Valla del Jardín del Príncipe

Cenador de Rusiñol

Jardín del Príncipe

 

Se accede al jardín por la primera de las entradas monumentales, la puerta del embarcadero, y avanzando por la calle del mismo nombre queda a la derecha la antigua Huerta de la Primavera, y a la izquierda el río Tajo, con un embarcadero que da nombre a la calle, precedido por una glorieta con cinco pintorescos pabellones. El más grande o pabellón real fue levantado por Bonavía en 1754, mientras que los otros cuatro se edificaron durante el reinado de Carlos III, para que el Príncipe y la Princesa de Asturias, Carlos y Mª Luisa, los utilizasen como casino de recreo; entonces se dispuso también entre ellos, el pequeño jardín ochavado, que a modo de patio de honor separaba la calle del Embarcadero y el Pabellón principal. Estos pabellones dispuestos a partir del embarcadero de Fernando VI dieron lugar al gusto de Carlos IV por este lugar, donde pasaba las mañanas primaverales, y por tanto al jardín del Príncipe, que fue surgiendo por adiciones sucesivas desde 1772.

El proyecto, o mejor dicho la sucesión de ampliaciones, se debe al jardinero Pablo Boutelou, que primero organizó una serie de pequeños jardines paisajistas, de acuerdo con la moda, en los espacios residuales entre el río y otros elementos ya creados: los pabellones, la calle del embarcadero y la Huerta de la Primavera. A este principio responden los cinco primeros “jardines” o compartimentos más antiguos, que se llevaron a cabo entre 1775 y 1784; el plano entonces dibujado por Bouteaou permite imaginar su estado original, pero en la actualidad difiere mucho de aquel aspecto a causa de las numerosas modificaciones que han experimentado, algunas ya bajo el reinado de Carlos IV.

 

Pavo Real

 

Dentro del área de los cinco primeros jardines se encuentran dos obras de arquitectura típicas de las “fábricas de jardín” paisajistas, que datan del reinado de Carlos IV y pretendían dar al vergel, visto desde el río, un aspecto pintoresco; ambas fueron dirigidas por el ingeniero Domingo de Aguirre. El Fortín, inmediato al embarcadero, alberga una batería de cañoncitos con la que se hacía la salva a las embarcaciones donde los Reyes surcaban el Tajo. Más arriba, el Castillo, que no llegó a ser revestido con piedra de Colmenar, como estaba pensado, a causa de las dificultades económicas derivadas de la Guerra contra Francia. Serviría como mirador sobre el río, el jardín y el Soto; en sus grandes salas abovedadas, unidas por escaleras de caracol de piedra, se reserva un espacio para restaurante.

 

Paseo del Jardín del Príncipe

Paseo del Jardín del Príncipe

Hojas del Jardín del Príncipe

 

Frente al Castillo se encuentra el Museo de Falúas, construido en 1963 según proyecto de Ramón Andrada, donde se exhiben las embarcaciones en las que los Reyes paseaban por el Tajo. No se conserva ninguna de las delirantes piezas de la “Escuadra del Tajo” de Farinelli, pero sin embargo se puede ver aquí una pieza tan barroca y espectacular y aún más antigua: la góndola llamada “de Felipe V”, pero que en realidad data del reinado de Carlos II y es anterior a 1668. Probablemente se realizaría en Nápoles; y que se utilizaba en el estanque del Buen Retiro. El resto de Falúas aquí conservadas sí son de Aranjuez. Destaca la de Carlos IV, la de Fernando VII y la regalada a Isabel II por la ciudad de Mahón.

Volviendo al Jardín, se recorre el área entre la antigua Huerta de Primavera y el río. Situado alrededor de la fuente de Narciso se situaba el tercer Jardín. El centro del “cuarto jardín” estaba ocupado por una plaza oval donde, antes de 1804, se instaló la Fuente de Ceres, destruida y rehecha en 1828; ahora sólo queda en su lugar el pilón, porque los grupos escultóricos fueron trasladados al Parterre a principios del S. XX.

 

Charcas del Jardín

Ardilla

Pabellones

 

Se llega así a la calle de Apolo, que cierra de modo escenográfico la perspectiva de esta calle, es la única que tiene carácter arquitectónico entre las que adornaba el Jardín del Príncipe, limitados por este lado mediante un foso, sustituido en época de Carlos IV por la calle actual. Esta calle la cierra de modo escenográfico la Fuente de Apolo, que es la única que tiene carácter arquitectónico entre las que adornaban el Jardín del Príncipe.

Las obras del jardín al otro lado de la calle no se emprendieron hasta 1785, y por tanto no aparecen reflejadas en el plano de Boutelou, que es del año anterior. Este sexto tramo del Jardín era llamado anglo-chino y sus elementos más destacados se encuentran en torno al estanque chinesco. Aquí Boutelou podía trabajar a gran escala, sin limitaciones de espacio y función que le obligase a hacer minucias. El cenador chinesco construido por Villanueva, consta de un templete monóptero de orden jónico que hubo de acomodarse aquí a un pié forzado determinante: las diez columnas de mármol verde de Italia, que se trajeron de la Granja, donde las había hecho llevar Felipe V. También de la colección de este monarca eran los ídolos egipcios que había sobre los pedestales de los intercolumnios, comprados a los herederos de la Reina Cristina de Suecia, y que ahora se hallan en el Museo del Prado. Completan el adorno arquitectónico del estanque los dos escollos o rocas artificiales: el primero, de donde salía el agua que alimentaba el estanque, iba a estar coronado en principio con la estatua de Apolo; el otro constituye la base de un obelisco cuya piedra se eligió con la intención de que se asemejase al granito oriental avellana, según los diseños de Villanueva. Todo esto se llevó a cabo hacia 1791. Se construyó también un barco chinesco, a modo de pequeña góndola, para navegar por el estanque.

 

Estanque Chinesco

 

Este sexto jardín acaba en la calle de las Islas Américas, y Asiáticas, donde empieza el séptimo, que se extiende hasta la calle del Blanco (o de Francisco de Asís), dividido en dos por la calle Malecón. El muy notable tratamiento paisajista de esta parte del Jardín, que empezó hacia 1793, está muy desfigurado.

También entonces se inició la ordenación del sector que quedaba entre los jardines sexto y séptimo y el río, zona denominada las Islas Asiáticas y Américas en el S. XIX, por la procedencia exótica de la vegetación, dispuesta en senderos tortuosos, colinas y riachuelos artificiales. En esta zona debieron concentrarse por tanto, la mayor parte de las especies exóticas traídas por Carlos IV, a las que alude la descripción del S: XVIII. La riqueza botánica constituye el elemento de mayor valor del jardín, por encima de su trazado. Parece ser que Carlos IV quiso hacer en este rincón varias arquitecturas de jardín y entre la que destaca el montículo artificial denominado la “montaña rusa”. En su base se empezaron unas interesantes estructuras con aspecto basilical, haciendo una elevación con un templete de madera cuadrado.

 

Montaña Suiza (Montaña Rusa)

 

El octavo jardín empieza en la calle Francisco de Asís, que durante el reinado de Alfonso XII, en 1882, se reemplazaron sus tradicionales alineaciones de chopos de Lombardía por coníferas. Este jardín que rodea la Casa del Labrador quedaba aislada por un antiguo cauce o madre del Tajo que se mantuvo a modo de ría y que se atravesaba por medio de tres puentes de madera. La ría fue suprimida por Isidro González Velázquez en 1828, formando una amplia plaza con árboles pequeños y cuadro de flores que se ha ido estrechando progresivamente.

El resto del terreno que se extiende entre la calle de la Reina y el Tajo constituye el Parque de Miraflores, creado en 1848 por iniciativa del Marqués de ese título, gobernador de Palacio durante los primeros años del reinado de Isabel II. Este malogrado parque a la inglesa no se halla abierto a la visita.

Ayuntamiento de Aranjuez - Plaza de la Constitución s/n
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